Joshua Slocum, el primer circumnavegante en solitario

Hace 115 años, Joshua Slocum zarpó por primera vez de Boston, Massachusetts, en EE.UU, para llevar a cabo lo que muchos, antes y después de él, han soñado: dar la vuelta al mundo navegando.

Artículos JUL. 25, 2012 01:00

A finales del siglo XIX, muchos marineros profesionales habían realizado circunnavegaciones demostrando, más allá de cualquier duda, que el mundo no era plano; pero nadie lo había hecho en solitario. Este fue el gran logro de Joshua Slocum, que inspiró a centenares de navegantes, durante el pasado siglo, a emular su hazaña, incluidos los participantes, en doble, de la Barcelona World Race.

El logro de Slocum fue más que destacable, ya que su yawl Spray, de 11,2 metros, no incluía ninguno de los aparatos de navegación, ni de las velas que los regatistas actuales consideran imprescindibles para llevar a cabo tal aventura. No existía la navegación por satélite, ni los pilotos automáticos, ni los enrolladores, ni los winches automáticos; pero a pesar de todo, el pequeño barco de Slocum estaba tan bien equilibrado que podía mantener el rumbo correcto durante semanas hasta llegar a puerto; un hecho que incluso los mejores marineros de la época encontraban difícil de creer. Como respuesta a todos los que dudaban, Slocum escribió el libro Sailing Alone Around the World. “Este es el recorrido que el Spray hizo desde Thursday Island hasta las islas Keeling; 2.700 millas recorridas, de costa a costa, sin nadie al timón durante todo ese tiempo, salvo durante una hora aproximadamente. Ningún otro barco en la historia ha realizado jamás, en circunstancias similares, esta hazaña en un viaje tan largo e ininterrumpido”.

Slocum navegó sin cronómetro, y en su lugar, confió en el método tradicional de la navegación por estima para calcular la longitud, en un sencillo reloj de metal para calcular la hora aproximada, y en las observaciones del sol al mediodía para la latitud. Únicamente realizó una observación lunar durante toda la circunnavegación.

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El Spray fue construido con el armazón de un viejo pesquero de ostras y conservó el primer nombre de cuando faenaba por las costas de Delaware, casi un siglo antes. Slocum, nacido en Canadá pero con nacionalidad estadounidense, había encontrado los restos del barco en un campo de Fairhaven, y emprendió su reconstrucción. Añadió 45,8 centímetros en la proa, 30,5 en el centro del barco y 35,8 en la popa para convertirlo en un barco más seco y más adecuado para la navegación en aguas profundas. Mecanismos para ahorrarse trabajo no había ninguno. Las velas se izaban a mano, las drizas pasaban a través de simples poleas de madera y las velas se enrollaban todas hacia popa. El molinete y el ancla más pequeña, junto con el mascarón de proa, procedían del Spray original, y el lastre era de cemento, ya que la quilla no llevaba ni acero ni plomo.

Slocum partió de Boston para navegar los siete mares, el 24 de abril de 1895. No tenía ningún rumbo predeterminado, tan sólo el ansia de aventuras, de viajar y parar únicamente para abastecerse de provisiones o tomarse un descanso.

Primero, se dispuso a atravesar el Atlántico en dirección a las Azores, antes de continuar hacia Gibraltar. Después, prosiguió dirección sur hacia Pernambuco, antes de hacer escala en Río de Janeiro, Buenos Aires y Montevideo, en América del Sur. Entonces, el rumbo lo llevó a atravesar el Estrecho de Magallanes y evitar así el Cabo de Hornos (Chile), donde esparció tachuelas por toda la cubierta del Spray para prevenir las indeseables atenciones de los indígenas descalzos.

Ya en el Pacífico, el Spray puso rumbo a Australia pasando por las islas Juan Fernández y Samoa antes de llegar a Hobart, en Tasmania. Desde allí, Slocum atravesó el Mar de Tasmania rumbo a Melbourne, para luego dirigirse hacia el norte, primero a Sydney y luego hacia la Gran Barrera de Arrecifes, antes de atravesar el océano Índico pasando por las islas Keeling, Rodrigues y Mauricio para llegar a Durban, Sudáfrica. Puede que escapara de los peligros del Cabo de Hornos, pero no hubo atajos para pasar el Cabo de Buena Esperanza, que Slocum capeó en Navidad de 1897, antes de encontrar refugio en Ciudad el Cabo, conocida desde siempre por los marineros como la Taberna de los Mares.

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Después de permanecer allí durante al menos tres meses, Slocum puso rumbo norte una vez más, con escalas en Santa Helena y, posteriormente, en la isla Ascensión, donde tuvo que fumigar el Spray para demostrar que iba solo a bordo. El Spray volvió a cruzarse con su ruta de ida el 9 de mayo de 1898 y, aprovechando la corriente del Brasil, puso rumbo de nuevo hacia la costa de América del Norte, con escalas en las islas caribeñas de Grenada y Antigua, y sobrevivió a un tornado antes de alcanzar Newport, en Rhode Island, a la una de la madrugada del 27 de junio de 1898. El Spray recorrió 46.000 millas alrededor del mundo durante 3 años, 2 meses y 2 días, ¡un promedio de 100 millas diarias! Durante el viaje, Slocum cambió la arboladura del Spray, y pasó de un balandro a un yawl para reducir el tamaño de la mayor, muy pesada, y mejorar así su gobernabilidad según el viento. Su mejor rumbo era cuando navegaba entre un largo y un través, con la botavara bien abierta y la mesana enrollada.

Alucinaciones en alta mar

Joshua Slocum sufrió varios episodios de alucinaciones durante unas fiebres antes de arribar a Gibraltar. En uno de éstos se imaginó que tenía a bordo el piloto de la Pinta, una de las carabelas del primer viaje de Cristóbal Colón. Aunque en el caso de Slocum fue debido principalmente a una enfermedad, este tipo de alucinaciones es bastante común entre los navegantes solitarios después de pasar varios días en alta mar. Son muchos los que se imaginan estar en su casa, ven a amigos y conocidos por el barco, oyen voces, etcétera. Según los neurólogos, esto es debido a que el cerebro, cansado y privado de las horas necesarias de sueño, hace “soñar despierto” al navegante.

Slocum descubrió que no le costaba demasiado encontrar el punto correcto de timón para mantener el Spray en su rumbo. Navegando en ceñida, con vientos suaves y todo el trapo izado, el barco prácticamente no tenía deriva; pero descubrió que, a medida que el viento arreciaba, podía mantener el rumbo girando el timón radio a radio, tomando en cuenta la presión cada vez más fuerte sobre el timón, sujetando luego la rueda con firmeza.

Hubo comentarios despectivos con relación a las amuras redondeadas y el ancho espejo del Spray, un barco con tan poco calado. Slocum respondió directamente a los que dudaban, y en su libro escribió: “Ellos nunca han atravesado la corriente del golfo en dirección noreste, y no saben qué es lo mejor en cada situa- ción climatológica. Si quieres salvar tu vida, al navegar en alta mar, no coloques ningún saliente del timón en una embarcación. Así como un marinero evalúa su futuro barco con una simple ojeada cuando muestra interés suficiente para, como mínimo, examinarlo, así evalué yo el Spray, y no quedé decepcionado”.

Hasta la fecha, se han construido más de 800 réplicas del Spray, que oscilan entre los 11 y los 21 metros. El australiano Kenneth Slack, que escribió el libro In the wake of Spray, invirtió toda su vida en investigar el origen del barco de Slocum, y realizó un conjunto de planos definitivos del Spray, que otros diseñadores como Bruce Roberts han perfeccionado para los constructores aficionados. Slack navegó muchísimo en su propia réplica, el Pagan, y sobrevivió a una terrible tormenta de 40 días. El 10 de octubre de 1996, trece réplicas del Spray navegaron por el puerto de Sydney para conmemorar el centenario de la llegada del primer Spray y su capitán. La Asociación Internacional Joshua Slocum tiene una página web www.joshuaslocumsocietyintl.org que promociona el legendario primer circunnavegante en solitario, y que tiene un registro total de otras 64 circunnavegaciones en solitario desde 1921 hasta nuestros días.

En 1909, Slocum zarpó de Rhode Island para emprender otro viaje con el Spray y nunca más se supo ni de él ni de su barco. ¿Pereció ahogado en una tormenta, un destino que Slocum siempre había temido?, ¿o quizás el Spray fue embestido inadvertidamente por un barco en la noche? Su destino sigue siendo un misterio, y ahí empezó la discusión, vigente todavía hoy, sobre si navegar en solitario es, en esencia, una práctica poco marinera o no; aunque la discusión sobre si un barco debe navegar solo y sin vigilancia mientras la persona duerme no ha sido obstáculo para que cada vez más gente quiera afrontar ese reto.

Barry Pickthall