De Gibraltar al cabo de Buena Esperanza: dos hemisferios, dos alisios, dos anticiclones

“Bajar” el Atlántico supone cruzar casi todas las zonas climáticas del planeta. Es el tramo más táctico de toda vuelta al mundo y el de mayor trascendencia, pues decide quien llega antes a los trenes de borrascas del sur. Dos anticiclones, dos sistemas de alisios y los doldrums configuran una intrincada estrategia climática.

Artículos JUL. 25, 2012 01:00
De Gibraltar al cabo de Buena Esperanza

En meteorología oceánica las cosas no siempre son como los datos climáticos anuncian y en el primer tramo a través del Atlántico este evidente axioma se vuelve cierto en casi todas las vueltas la mundo. En la pasada Barcelona World Race, los navegantes se encontraron con la primera excepción de las reglas climáticas: los ansiados alisios del NE, el primer objetivo estratégico después de atravesar el estrecho de Gibraltar, brillaban por su ausencia. La razón era también de manual: una borrasca situada al oeste de las islas Canarias cortaba el flujo de los alisios y enviaba a la flota insidiosos e inestables vientos del SW. Esta situación se prolongó durante siete largos días y los exasperados regatistas no encontraron los alisios hasta unas 250 millas al sur de Gran Canaria (ver figuras 1 y 2). Una situación muy parecida la han tenido este año los ministas de la Mini-Transat cuando, después de salir de Madeira, han tenido que navegar con vientos de proa hasta las islas Canarias.

El paso de las islas es tácticamente delicado existan alisios establecidos o no. De soplar los vientos del NE de forma regular, se produce una aceleración del viento entre Gran Canaria y Fuerteventura y también entre Gran Canaria y Tenerife, que deben ser consideradas como opciones en función de si se llega más al este o al oeste y de la previsión de vientos al sur de las islas.

Los difíciles doldrums

Una vez superado el paso del archipiélago, los barcos se encontrarán con unos alisios que irán a menos a medida que bajen de latitud y recorran las aproximadamente 1.800 milas náuticas hasta la zona ecuatorial. Allí les espera una de las mayores pesadillas tácticas: las calmas ecuatoriales, más conocidas en el lenguaje náutico internacional como los doldrums.

Climáticamente, ésta es la denominada Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) y constituye un anillo de grandes calmas que rodea el planeta y que tiene diferentes grosores en función de la zona geográfica y la época del año. La zona sin viento puede llegar a alcanzar las 300 millas de grosor.

A mediados de enero, cuando los barcos de la Barcelona World Race la crucen, la ZCIT estará centrada aproximadamente hacia los 5ºN y la mejor “puerta” para atravesarla podrá hallarse alrededor de los 30º W, aunque estas previsiones climáticas suelen ser otras de las que no se cumplen. Los barcos pueden emplear hasta cuatro días para cruzar esta zona ecuatorial; una vez allí pueden buscar viento alrededor de los numerosos chubascos que se originan. Aquí podrán entrar en juego los radares que equipan todos los barcos ya que éstos detectan la lluvia y su evolución. Los regatistas tendrán como ayuda los datos del viento en la zona que se les llegará por satélite, pero la evolución de las nubes de estas desarrollo vertical suele ser muy errática. Otro problema de las calmas ecuatoriales es el intenso calor y la humedad ambiental que frecuentemente convierten la experiencia de los doldrums en un infierno físico y psicológico en el que la luz al final del túnel es el primer atisbo de los alisios del hemisferio sur que soplan del SE.

El “pasillo” generado por el anticiclón de Santa Helena
Ante el anticiclón de Santa Helena

Una vez alcanzados los alisios del sur la siguiente preocupación es el anticiclón de Santa Helena, amo y señor de la climatología del Atlántico Sur como lo es el de las Azores en el Atlántico Norte. En el verano austral, el anticiclón de Santa Helena se ve perturbado por las bajas térmicas que se producen en los continentes sudamericano y africano y varía mucho de posición, lo que supone un nuevo quebradero de cabeza. Por lo general, los navegantes se alejan notablemente de la ortodrómica para seguir los “pasillos” de vientos de componente norte que se crean en el lado oeste del anticiclón. En la pasada Barcelona World Race, los barcos bajaron el Atlántico Sur en un pasillo muy estrecho de vientos del N y NE en el que estuvieron durante siete días antes de arrumbar hacia el cabo de Buena Esperanza con vientos ya de componente oeste.

Ya antes de alcanzar la longitud del extremo sur de África, los navegantes habrán notado los primeros envites de las altas latitudes australes. La temperatura desciende drásticamente, el oleaje que viene del Oeste crece de forma amenazadora y los Cuarenta Rugientes suelen despedir el Atlántico anunciando la entrada en su reino: el Índico Sur.

Las calmas ecuatoriales

Las calmas ecuatoriales

La zona ecuatorial situada entre los dos sistemas de alisios de los hemisferios Norte y Sur se denomina científicamente ZCIT (Zona de Convergencia Intertropical), aunque los navegantes utilizan a menudo la expresión inglesa doldrums o la francesa pot au noir para referirse a una de las zonas más difíciles para la navegación a vela por la existencia de largas calmas sólo perturbadas por súbitas y violentas tormentas de rápida formación y desaparición. Éstas se forman a causa del aire sobrecalentado por la fuerte radiación solar y cargado de humedad que se eleva hacia las capas más frías de la atmósfera. Presente todo el año, esta zona tiene una localización variable con el ciclo estacional ya que sigue la posición del Sol en el cenit, alcanzando su posición más al norte (8º N) durante el verano del hemisferio Norte, y su posición más al sur (1º N) durante el mes de abril. Sin embargo la ZCIT es menos móvil en las longitudes oceánicas donde mantiene una posición más estática al norte del Ecuador, con una anchura que varía entre las 20 y las 400 millas que puede variar en cortos intervalos de pocos días. La información climatológica de la zona ecuatorial es poco fiable a la hora de trazar la ruta para atravesarla y tan sólo los partes día a día pueden proporcionar previsiones de cierta fiabilidad. Por ello, los barcos provistos de radar, utilizan éste para detectar las formaciones de tormentas y prever los vientos que van a generar para aprovecharlos. Es la forma más fiable de previsión meteorológica en esta zona.

Los alisios

Los alisios del NE fluyen en el verano boreal a través de una faja, cuyos límites septentrional y meridional pueden situarse hacia los paralelos 30º y 10ºN en el Atlántico; en el invierno boreal, los límites de esa faja se encuentran más al sur. Los alisisos del SE se extienden en el verano austral dentro de una faja cuyo límite septentrional discurre muy próximo al ecuador en el Atlántico; el límite meridional de esa faja discurre en invierno muy cercano al Trópico de Capricornio, mientras que en verano se desplaza hasta los 30º o 35ºS. Los alisios normales alcanzan entre los 15 y 20 nudos, por lo que desde siempre han sido muy apreciados por los navegantes. La época más favorable para la navegación con los alisios es, en el hemisferio Norte, la segunda mitad del otoño, por esta razón los puertos canarios se llenan en noviembre de barcos dispuestos a atravesar el Atlántico a lo largo de lo que, en la jerga de los navegantes a vela, se denomina la “autopista de los alisios”. Al llegar a las Antillas estos alisios pierden intensidad a causa de las variaciones térmicas originadas por las masas terrestres de las islas.