Cabo de Buena Esperanza, la puerta del Índico

El cabo de Buena Esperanza es, junto al de Hornos, una de las dos grandes cumbres de la navegación oceánica. Ubicado en la conjunción del Atlántico y el Índico, este accidente geográfico es reconocido por la bravura de su mar y la violencia del viento que lo azota. Es la gran puerta de entrada a los “cuarenta rugientes”.

Artículos JUL. 25, 2012 15:42

El cabo de las Tormentas, como también se lo conoce al cabo de Buena Esperanza, responde mejor a su reputación durante los meses invernales australes, de abril a septiembre. Sin embargo siempre es posible ver en esta parte del planeta olas de más de cuatro metros y vientos que con frecuencia superan los 30 nudos. La zona más peligrosa es el banco de las Agulhas, donde son habituales los temporales y donde dominan los mares cruzados y peligrosos.

Cuando las depresiones que llegan desde el Atlántico se encuentran con la corriente de las Agulhas, se crean olas anómalas y de gran tamaño. Este gran río de aguas cálidas, que traza una ruta por las agua verdes y más frías del Índico, procede del flujo superficial del cinturón de los alisios, conducidos miles de millas por el monzón, antes de ser desviado hacia el sur por la costa africana para comprimirse después entre Madagascar y el continente. Es una de las corrientes más fuertes de la Tierra, sólo un poco menor en intensidad que la corriente del Golfo.

Con el límite cerca de la línea de cien brazas, la corriente de Agulhas se desliza hacia el sur a velocidades de entre cuatro y cinco nudos hacia la protuberancia del cabo Recife, en Port Elizabeth (Sudáfrica), antes de dirigirse hacia aguas más profundas. Es una masa tremenda de agua que puede alcanzar 160 kilómetros de anchura y más de 300 metros de profundidad. Cuando esta corriente se opone a una sucesión de temporales del suroeste, se crean en torno al cabo grandes montañas de agua: muros verticales de unos cinco pisos, coronados por crestas de espuma que surgen de la nada y avanzan a 30 nudos de velocidad.

Formadas por varias olas, a caballo las unas sobre las otras, estas montañas de agua pocas veces mantienen la altura por más de unos pocos minutos, pero en ese breve periodo tienen la capacidad de destruir todo aquello que se interpone en su camino. Estas olas, innumerables en esta zona, son las responsables del fin de muchos buques desaparecidos sin dejar rastro.

El cabo de Agulhas, un protagonismo robado

De hecho, el cabo de Buena Esperanza no es el límite extremo meridional del continente africano. El título le corresponde en realidad al cabo de Agulhas, nombre que le dieron los marineros lusitanos a causa de las muchas escolleras, finas y afiladas que por allí encontraron y que estuvieron a punto de hacerles naufragar. Su longitud, 20°00’ 09"E, es una cifra de especial significado, pues marca la entrada oficial al océano Índico. A partir de ese punto, los regatistas entrarán en el Gran Sur, la zona más dura de la regata. Después de su descubrimiento, en la zona que rodea al cabo Agulhas se fue creando un mito semejante al del cabo de Hornos (Chile) por los numerosos naufragios que se registraron en estas aguas a causa de las súbitas y violentas tormentas, la niebla y la peligrosa orografía. Hasta el siglo XVIII, cuando los barcos que provenían del Índico doblaban este cabo, se apresuraban a entrar en Table Bay para recalar en Ciudad del Cabo, la “taberna de los mares”, donde se aprovisionaban de los preciados vegetales frescos para combatir el escorbuto.