¿Cómo se detectan los icebergs?

¿Cómo se detectan los icebergs?

La tecnología de detección es el punto clave en la determinación de la presencia de hielos y en la fiabilidad de las previsiones. Es un campo fascinante que tiene muchas aplicaciones más allá de las meramente deportivas y puede alcanzar altos niveles de precisión aunque su implementación es complicada en el contexto de una regata de vela.

Cada iceberg se identifica mediante un punto verde. Su deriva estimada se identifica con un trazo blanco. En función de las actualizaciones de datos, se definen zonas de probabilidad. En naranja, las zonas donde hay un 50% de posibilidades de encontrar el iceberg en cuestión. En rojo, zonas en las que se tiene un 100% de posibilidades.

Es sabido que los grandes icebergs son un peligro relativo ya que son detectables por el radar de a bordo y visibles durante el día si no se dan condiciones adversas de niebla. El gran peligro son los growlers, los pequeños trozos de hielo flotante indetectables por el radar y muy difíciles de distinguir a simple vista en los habitualmente encrespados mares del Gran Sur ya que en muchos casos sólo sobresalen un metro del agua. La presencia de growlers está directamente relacionada con la de los icebergs, pues generalmente provienen del desmenuzamiento de estos al entrar en aguas más cálidas.

La única forma de detectar el hielo en el mar a gran escala es mediante satélites. Existen en la actualidad dos tecnologías de detección por satélite: la de análisis de imágenes de radar y la altimetría por radar.

El sistema de imágenes, que ha sido hasta ahora el tradicional, se basa en potentes radares de gran barrido que permiten observar la superficie del mar en "cuadrados" de 400 x 400 km con una resolución de 150 metros. En función del estado del mar, por ejemplo si hay grandes olas, las imágenes suelen tener "ruido" y necesitan un tratamiento posterior especial para detectar el hielo.

Por otra parte, el sistema basado en el radar altimétrico mide las variaciones del nivel del mar y abarca una zona que mide 5 km, lo que en un principio da pocas posibilidades para cartografiar los hielos en amplias zonas del océano; sin embargo, tiene la gran ventaja respecto al sistema de las imágenes que trabaja en continuo con tres satélites y tiene una mayor precisión ya que si un objeto sobrepasa algunas decenas de centímetros la superficie del agua puede ser teóricamente detectado a menos que el altura de las olas perturben la imagen.

Una vez detectado el hielo, entran en acción los programas para estimar su deriva. Se basan en modelos que incluyen las variables básicas: la corriente, el viento, el oleaje y la temperatura del agua y son bastante precisos.

Un problema de la utilización de estos sistemas - imágenes y altimetría - coordinados es su coste. La demanda de imágenes es mucho mayor en el hemisferio norte que en el sur, por lo que el precio del servicio se dispara en esta parte del globo.