Sin descanso

Un regatista oceánico siempre tiene herramientas en la mano, y eso es lo que separa a mi tribu de los navegantes de día como los de la America's Cup, pero nuestra tarea se hace más complicada por el hecho de que este es un trayecto de rodaje para un barco nuevo. Tan pronto como nos felicitábamos por haber encontrado la solución para nuestro palo mordido, una pequeña fuga que mencioné en un email anterior ha organizado un buen lío con nuestra electrónica.

El Spirit of Hungary nunca ha estado en condiciones tan fuertes antes de la salida, así que no habíamos podido probar todos los posibles escenarios antes de salir. Resulta que un poco de agua consiguió entrar en un cable eléctrico y gotear en las placas de circuitos que controlan el mecanismo de la quilla. En este tipo de barcos tenemos un enorme cilindro hidráulico que empuja las cuatro toneladas del sable y el bulbo de la quilla en un arco de 80 grados para hacer el barco más estable contra la fuerza del viento. Este cilindro es activado por un potente motor eléctrico que balancea la quilla de un lado a otro, al trasluchar por ejemplo, en sólo unos segundos.

Emails de los barcos ENE. 31, 2015 13:28

Con los olores y la cortina de humo que emanan de la caja de control, ¡tuvimos que encontrar otra solución! Nandor sugirió por un momento parar en Ciudad del Cabo para instalar otro ordenador de mando, o podríamos bombear la quilla manualmente de lado a lado durante el resto de la regata. Sin embargo, dadas las altas presiones que implica y el diminuto tamaño de la bomba de mano, ¡sería como vaciar el océano con un cuentagotas! Yo sugerí recablear el circuito para recobrar el control manual de la bomba eléctrica. Nos pusimos de nuevo a pelar cables con navajas e inventamos una nueva solución. Ahora, con una mano atornillando válvulas y con la otra en el interruptor de la bomba hidráulica deberíamos ser capaces de bajar la quilla a la posición central y bombearla de nuevo al otro lado cuando necesitemos virar o trasluchar.
Lejos de desanimarme por nuestro taller flotante, me siento envalentonado y fortalecido por nuestra capacidad diaria de convertir malos pases en goles [bolas curvas en home runs en el original inglés]. Físicamente me siento genial y totalmente capaz de controlar una máquina tan impresionante. Desde el punto de vista de la experiencia estoy mucho más relajado al enfrentarme a condiciones que la última vez que estuve aquí me hubieran hecho correr a cubierto. Cuando me duermo, sueño con volver aquí en solitario dentro de dos años para la Vendée Globe, seguro de que tengo la experiencia para afrontar cualquier situación con mucha más confianza que antes.

Por eso debo agradecer a Nandor por darme esta oportunidad de volver al salvaje y maravilloso Sur para probarme a mí mismo, y con suerte a los patrocinadores, que puedo prosperar en esto.
Casi olvidamos, en medio de nuestro momento de “grasa hasta los codos”, el hecho de que tanto Nandor como yo hemos establecido un nuevo récord personal de millas recorridas en 24 horas. Con Sam Goodchild previamente lo establecí en 360 millas náuticas no muy lejos de aquí en la Global Ocean Race y justo ahora hemos cubierto 374 millas. Teniendo en cuenta que este tiempo hemos estado trabajando en el barco más que apretando con atención, nos sentimos seguros de que mejoraremos esta singladura antes de que termine la regata.