La odisea de la magdalena

Bruno Garcia (We Are Water):

“Teniendo en cuenta la tregua que nos da el océano, hoy he querido desayunar, como os diría… ¡como dios manda! Y me he dado cuenta de la importancia que tienen las cosas aquí aislados del mundo civilizado, cosas que en casa ni tenemos en cuenta.

Emails de los barcos FEB. 4, 2015 15:23

Bien, el hecho es que tras una guardia tranquila, pero fría, me he dispuesto a desayunar mi café calentito y una magdalena. A cada uno nos toca una al día. Ya hace días que renuncio a ella por diversos motivos, el principal es que están bastante chafadas dentro de la bolsa individual. Pues bien, una vez he roto el envoltorio de plástico ha empezado la odisea.

Por las fotos ya habréis visto cómo tenemos las manos todos nosotros. Me ha sido materialmente imposible separar el papelito en forma de cestilla de la base y las migas de magdalena. Porque evidentemente no creáis que la magdalena salía entera. ¡Ni un solo trozo más grande que una migaja! Al principio he intentado mantener la dignidad, no por Willy que es mi hermano y las ha visto peores, si no por mí mismo. Los movimientos de manos, boca, antebrazo, codo y un largo etcétera no han logrado evitar que:

1- La magdalena haya pasado de su estado semi sólido dentro de su cestilla y envoltorio a un estado decorativo en mi ropa, que podría definir como… en caótica vía láctea.

2- El único sólido que he notado comiendo la magdalena haya sido el papel de la cestilla. ¡Hombre, por supuesto que me he zampado el papelito! A ver si las migajas iban a ganar la batalla, al fin y al cabo era algo sólido que masticar, ¿no?

Bueno, no os explico cómo será cuando pasado mañana pase el frente de la próxima borrasca. Imagino que las magdalenas del supermercado tendrán que entrar en mi cuerpo por osmosis.

Qué diferente es la vida en tierra y la del navegante, ¿verdad?

Feliz miércoles a todos.”