Cubos: deportivos y utilitarios

Bruno Garcia (We Are Water):

Estos días hemos coincidido fácilmente, Willy y yo, sin forzar las conversaciones, en que este océano, llamado Pacífico por Magallanes hace muchos años, es un mundo lleno de contrastes. Tal vez penséis que hemos llegado a esta conclusión por la gran cantidad de chubascos que hemos visto, aprovechado, sufrido y fotografiado.

Emails de los barcos MAR. 7, 2015 12:17

Con ellos, las cosas cambian vertiginosamente. Pasas de tener un sol radiante a estar bajo una nube negra con lluvia intensa, incluso a veces con granizo. Parece como si pasaras de una primavera fresca a un incómodo otoño invernal.

Pero esto no ha sido lo que más nos ha sorprendido. El contraste lo llevamos nosotros mismos a bordo, y tiene por nombre: “Cubos”. Sí, sí, los cubos, lo que estáis leyendo.

Tenemos dos. De hecho teníamos tres, y aprovecho para señalar que no son tantos para esto de dar la vuelta al mundo en un barco. Pero como pasa, hasta en las mejores familias, uno nos abandono en los doldrums, seguramente sospechando cuál era su recorrido previsto. Y los cubos tienen nombre propio, los bautizamos en algún momento de la regata.

Bueno pues, la cuestión es que conociendo a nuestros cubos del barco, uno se hace la idea del lo que es el contraste. Empiezo por Ferrari. Es un cubo íntegramente de carbono, que debe pesar unos…. 150 gramos, yo qué sé. Bordes redondeados, acabados impecables y de curvas perfectas, ni muy pronunciadas ni muy bruscas. Con un acabado Pininfarina, como si fuera un coche. Intuyo quien lo fabrico, y el puñetero trabaja fina y cuidadosamente. Vaya, un joya nada mes verlo, y no digamos al sopesarlo. Su compañero, que no tenía nombre, es un cubo normal. Tan normal como el que encontrarías en una obra cualquiera con restos de cemento y con alguna grieta en los bordes anunciando su declive. También le pusimos nombre: es el 127. Está hecho de una mezcla de goma negra como el betún y unos filamentos como de lona, que no sabemos qué aportan. Sorprende que aparezca a bordo de un bólido en el que se sacrifica el peso a toda costa, pues a simple vista uno ya ve que necesitará las dos manos para transportarlo.

127 y Ferrari conviven en el barco distribuyéndose las tareas. No hace falta que entre en detalles. I ambos están aquí, a mi lado, soportando los pantocazos en las olas.

A ver si es cierto que en breve pueden convertirse en “Cape Horniers”.