Cada día más cerca

Conrad Colman (Spirit of Hungary):

Posición: 10º34’N 32º28’W
Las islas de Cabo Verde son la puerta de entrada a los doldrums en el tramo de salida, por lo que ahora que nos acercamos a su latitud hacia el Norte, por fin podemos dejar que nuestros pensamientos se dirijan hacia la meta. Estaremos a su lado mañana, y es cuestión de unir las Islas Canarias con Madeira, Madeira con la aproximación a Gibraltar y después el último contorno hacia la meta. Después de nuestra fuga prolongada del Mediterráneo (cuando salimos), desde luego no confundo Gibraltar con el final pero después de decenas de miles de millas ya navegadas parece que seremos capaces de oler la llegada cuando pasemos el famoso peñón. Tal vez será nuestra familias las que nos puedan oler a nosotros, ¡más nos vale no olvidarnos de darnos un buen lavado de agua salada antes de acercarnos a la meta!

Emails de los barcos ABR. 6, 2015 15:20

Ahora que hemos encontrado unos sólidos vientos alisios, nuestros días se rigen por unas simples repeticiones mecánicas. Pequeños cambios para trimar las velas en respuesta a las variaciones de fuerza y dirección del viento. Hacer retroceder el barco para limpiar los timones y la quilla de la maleza y algas de Sargasso. Reparar pequeñas fugas en el sistema de lastre, tan crucial en la reducción de golpes y pantocazos cuando navegas con el viento en contra. Estos son los ritmos que dan forma a nuestra vida.

Mientras una semana de navegar de ceñida por la amura de estribor puede convertirse en aburrido, a mi me gusta estar allí fuera con la certeza de tener el barco a mis pies y los pájaros y el cielo azul sobre mi cabeza. Las aves nos están prestando unas distracciones especial últimamente, ya que parece que estamos proporcionando un valioso servicio a nuestra escolta de alcatraces. Estos velocistas en linea rodean nuestra proa siguiendo la corriente ascendente justo delante de la espuma que genera la proa hasta que molestamos a un banco de peces voladores, y en ese momento aceleran y empieza la persecución. Es como ver a un guepardo alcanzar una gacela en las llanura de África, es fascinante ver los movimientos esquivos entre presa y cazador. Tras un ataque en picada y el chapoteo del agua, los peces voladores se sumergen en el mar buscando la seguridad y los cazadores terminan la persecución describiendo una rápida curva hacia mayor altitud, listos para ocupar su puesto en la proa esperando a que el próximo choque de ésta contra el mar lance más peces voladores al aire.

Les deseo una feliz caza, pues la pasada noche fui golpeado en la espalda por uno de estos misiles alados malolientes cuando comprobaba el trimado de la vela. La mayoría de peces huyen ante nosotros, pero hay algunos kamikazes en el grupo, atraídos por nuestras luces, que vienen directos hacia nosotros. Varias veces por minutos oímos el sonido repetitivo de su impacto, el aleteo cuando intentan volar sobre la cubierta, seguido de un chapoteo cuando consiguen volver a casa. Generalmente intentamos ayudarles a volver al agua pero muchos no lo consiguen puesto que no siempre los encontramos a tiempo o porque se han quedado de piedra por el primer impacto y hay poco que podamos hacer por ellos. Por mi parte, ¡no pienso correr el riesgo de oler igual que mercado de pescado de Tokio por intentar hacerle el boca a boca a un pez mareado con deseos de muerte!