¡Esto es a lo que hemos venido!

Guillermo Altadill (Neutrogena):

"Navegar de noche en un barco IMOCA 60 como el Neutrogena tiene dos caras. Y esas dos caras las marcan el viento, las olas y la velocidad del barco. Las noches pasadas de esta Barcelona World Race, cuando navegábamos por el trópico, con la luna que te permite ver las olas y tener la referencia del horizonte, son realmente para no olvidar, con el barco a veces a velocidades de más de 25 nudos, surfeando las olas que, además de intuirlas, consigues ver sus crestas plateadas bajo la luminosidad de las estrellas, y que a veces puedes incluso leer debajo de ellas. Esas noches son fantásticas y te sientes el dueño del mundo. Vas rápido pero tienes todo bajo control. El barco responde a cualquier movimiento que le hagas con el timón y la estela es una línea de espuma que dejas por la popa como si estuviera hecha con un tiralíneas.

Emails de los barcos ENE. 20, 2015 12:10

Hay otras noches, y esas son precisamente las que nos encontraremos a partir de ahora, en el Gran Sur, en los océanos australes, donde el barco va muy rápido, a veces más de lo que quisiéramos. La oscuridad es absoluta, solo percibes entre la espuma y las olas que barren la cubierta del Neutrogena las luces de la electrónica con números que cambian cada fracción de segundo ante tus ojos. Unos ojos  que apenas puedes abrir cuando cada ola te golpea la cara con más fuerza que la anterior y a veces un chorrito de agua sale de tu boca. Ha coincidido que tomabas aire para relajar tu tensión con  el momento en que varias toneladas de agua sumergían la proa del barco después de un planeo, que sabes cuándo empieza pero no cuando acaba. El barco sale descontrolado y tu concentración se limita a ponerlo con el ángulo de viento.

Si te equivocas unos segundos, acaba en desastre. Aquí no hay margen de error. Es como conducir a 70 km por hora con los ojos tapados, sabiendo que si te sales de esa carretera estrecha y sin guadaraíl te quedas sin coche y  posiblemente tú también te hagas daño. Aquí el Neutrogena no se puede romper nada porque, aparte de competir en él, es lo único que tenemos para seguir viviendo en el océano. Es nuestra casa y nuestro refugio, lo único habitable en más de 2000 millas a la redonda, en medio del inhóspito y frío océano.

Esas noches de las que os hablo se acaban cuando una pequeña claridad del amanecer austral rompe entre el cielo nublado y te deja ver lo grandes que son las olas, lo pequeño que es el Neutrogena entre ellas y lo insignificantes que somos nosotros. Ves la inconfundible silueta de un curioso y majestuoso albatros planeando alrededor del barco y entonces piensas, respiras profundo y te dices… bueno ya ha pasado lo peor, ¡amanece, que no es poco! Sientes que has ganado una batalla contra alguien superior y con una ligera sonrisa de triunfador te dices… ESTO ES A LO QUE HEMOS VENIDO."