¡En mitad de la nada!

Conrad Colman (Spirit of Hungary):

Posición (teórica): 51º43'S 130º47W // Posición (real): ¡En mitad de la nada!

Estamos realmente en el vientre de la bestia ahora, después de haber cruzado el ecuador de nuestra travesía del Pacífico (nos quedan 2176 millas hasta Horno, después de 2332 millas desde nuestro pit stop en Bluff). Después de superar la mitad, al final tenemos condiciones reales de océanos del sur. Ahora mismo soplan unos fuertes 35 nudos, está oscuro y mojado afuera y nos acecha una monstruosa depresión enfrente nuestro que viene con 50 nudos de viento. Acabamos de trasluchar para alejarnos de la zona de exclusión, para así conseguir un poco más de espacio y evitar lo peor de la tormenta que tenemos delante. Además, parece que el Renault Captur tendrá condiciones horrorosas en su paso por Hornos. ¡Buena suerte chicos, agarraros y que os vaya bien!

Emails de los barcos MAR. 9, 2015 14:12

Por lo demás la vida nos va bien, pero hace frío. La temperatura del mar está por debajo de los 8º centígrados pero el aire es mucho más frío. Vemos nuestro aliento en cada exhalación, con lo que las conversaciones con Nandor parecen una reunió de fumadores empedernidos con vapor ondulando por todas partes. La temperatura no es lo peor, lo es la humedad constante, los calcetines fríos y las gotas de rocío que entrar con cada ola que se estrella sobre nosotros.

Recuerdo un viaje a Phoenix, Arizona, en primavera, para entrenar con mi equipo ciclista cuando estaba en la universidad y estaba impresionado por las condiciones para correr y entrenar. Pero esto era en marzo, cuando, en Colorado, por comparar, aún estaba nevado. Mantuve una conversación con un ciclista local que me contó que en verano lo normal es estar sobre los 40º ‘pero no lo notan mucho, porque es un calor seco’. Fijo, pensé; tostado y sudando en condiciones primaverales. Calor seco o no, la humedad cambia significativamente la sensación de la temperatura ambiente y si los ciclistas de Arizona salen ganando, nosotros perdemos con el el frío húmedo.

Durante las guardias de noche hago flexiones, abdominales y sentadillas para mantener la sangre fluyendo y evitar las cabezadas de sueño. Llevo puestas muchas capas de ropa, tantas que un esquimal se sentiría como en casa, y aún así tengo los pelos de punta. Tengo una colección de cojines de calentamiento químicos y estos son la solución definitiva. ¡Sacarlos de su envoltorio de plástico es como descubrir el Santo Grial! Yo me los pego en mi capa lanuda, en el pecho, como el powerpack resplandeciente de IronMan, y el calor se escurre lentamente a través de ella y me convierte en un marinero feliz. ¡Los buenos tiempos en alta mar!