Una pieza sometida a mucha presión

Los carros de anclaje de los sables de mayor, que se han roto en el Virbac-Paprec 3, tienen una doble misión. Al igual que los carros normales, mantienen el gratil de la vela junto al mástil. Pero los que aquí tratamos tienen, además, una segunda y difícil tarea: servir de punto de apoyo y sostén de los sables. Algunos malos movimientos derivados de este segundo trabajo son los que propician sus roturas o las de los propios sables.

Artículos JUL. 25, 2012 16:07

El principal problema que obliga al Virbac-Paprec 3 a parar en Wellington es la rotura de algunos carros del gratil de la mayor. Concretamente los que sirven de anclaje a los sables de la vela más importante del barco. Para saber qué son y cómo trabajan estas piezas conocidas en el mundo de las regatas como battcar (apócope del inglés batten, sable, y car, coche, o carro en este caso) es importante repasar la evolución de los grátiles de la vela mayor.

En un comienzo los grátiles (borde de ataque de la vela) eran una simple verga de cabo que se introducía en un canal del palo, tal como aún hoy funcionan las velas de proa que corren por dentro del perfil del estay. Luego este sistema fue reemplazado por patines (pequeñas piezas de plástico atadas a la vela que corren por el canal del mástil, que dan lugar a que los carros de sables sean llamados por analogía también patines) que mejoraron, sobre todo, las maniobras de izado y arriado. En la actualidad, en veleros de altas prestaciones, este sistema fue suplantado por un raíl en el mástil con carros de rodamientos (a los que se fija la vela) que suben y bajan por él, al estilo de los que se usan para la escota de mayor. Ya más recientemente, para favorecer el perfil de ala de la vela, se han introducido los carros que incorporan una segunda misión: servir de anclaje para los sables.

Los sables de la mayor son los responsables de darle a la vela el perfil alar deseado. Pero suelen generar un problema. Soportan mucha presión en su extremo de proa y a menudo deterioran y hasta rompen la vela en el extremo en el que van fijados, dentro de un refuerzo. Ha sido ésta la razón por la que se crearon los carros que, además de servir para mantener el grátil junto al mástil, sirven de anclaje de los sables.

Mientras los carros trabajan en el sentido para el que han sido creados, retener el grátil contra el palo ante una fuerza regular, como la que recibe en navegación normal, no suele haber problemas. Éstos surgen ante situaciones para las que no fueron diseñados. Una muy común es el flameo. En esos casos el carro se comporta respecto a su raíl como un tren que está siendo zarandeado lateralmente. Aunque esto en un IMOCA Open 60 no ocurre con la violencia y persistencia necesarias para que el “tren” descarrile. Otra situación comprometida se crea en las empopadas que requieran abrir y embolsar mucho la mayor o en trasluchadas. En ambos casos la gran presión sobre el centro del sable se traslada multiplicada y en forma de palanca al extremo donde está anclado. Es entonces cuando el sable presiona el lado del carro donde está la vela, hacia proa, y el lado opuesto hacia popa. Así se crea una fuerza una torsión entre el carro y el raíl que puede hacer que uno de estos dos o la propia punta del sable se rompan.