De algas y calmas

Nandor Fa y Conrad Colman explican el paso del Spirit of Hungary por las calmas ecuatoriales.

Nandor Fa:

La manera en que pasamos las calmas ecuatoriales fue fenomenal. Ya tuve suerte aquí en el '92 en el camino de bajada, cuando crucé la infame "Latitud del caballo" (alta subtropical) del mismo modo que ahora. (Se le llamaba "Latitud del caballo" en la gran era de los clippers, porque los barcos se quedaban encallados allí durante tanto tiempo que los caballos de los soldados morían).

Emails de los barcos ABR. 2, 2015 17:06

Por la noche los cumulonimbos han aparecido en el cielo, como prueba de las masas de aire ascendentes. Este fenómeno es la colisión de las masas de aire del sureste y del noreste al forzarse a subir la una a la otra, lo cual es favorecido también por la subida térmica como resultado de la cálida temperatura. Se forma una franja de amplitud variable con forma de ameba, donde las enormes masas de aire significativamente húmedo caen en forma de chubascos. Esta interminable guerra de conflictos de vientos surge a partir de la rotación de la Tierra y el calor del sol, y aunque enormes poderes se mueven, los chubascos y el aire ascendente matan el viento.

Así que los chubascos han aparecido y hemos corrido entre ellos de una forma tan afortunada, que pudimos navegar en la "corriente" entre las dos masas, donde pudimos avanzar con entre 10 y 16 nudos hacia el Norte. Realmente disfruté mientras el "tren" nos llevaba. En el radar vi dos tormentas enormes por encima y por debajo de nosotros, entre las cuales el chorro de en medio nos llevó. Al amanecer, las calmas quedaban atrás.

Una enorme cantidad de algas nos complican la vida, algo que no he visto aquí antes. Me siento como si estuviese navegando en el mar de los Sargazos. Forman islas, están por todas partes, y se enganchan en la quilla, las orzas de deriva, el timón, los hidrogeneradores... todo. Cada media hora retrocedemos, porque el barco casi se para en la ratatouille de algas. Después de navegar así durante horas, la ratatouille parecía hacerse más fina".

1 de abril, 21:45 UTC, posición: 01º 35,6' S, 030º 14,6O,

temperatura del agua: 25,4ºC.

Conrad Colman:

Posición. 00º 53' S 029º 45' W

¡Oh, muy cerca del ecuador!

En mi último post escribí que estaba mentalmente preparado para afrontar lo peor de los impredecibles y volubles vientos que nos podrían lanzar las calmas ecuatoriales. En mi mente me veo como Al Pacino en “Un domingo cualquiera” dando su legendario discurso en el vestuario sobre como podrían “salir del infierno… pulgada a pulgada”. Sin embargo, hemos tenido una navegación bastante tranquila, y me lo pasé muy bien la noche anterior haciendo slalom entre los últimos aguaceros con el gennaker grande arriba alcanzando a veces los 16 nudos de velocidad sobre un pedazo de mar en que se pronosticaban 1,3 nudos de viento. ¡Al final de esta carrera estábamos un día y medio por delante del routing! Mucho camino luchando pulgada a pulgada.

Nuestro sorprendente buen progreso ha sido interrumpido por grandes islas de algas de Sargazos, normalmente encontradas en el mar de Sargazos (curiosamente) al norte de Guyana. Estas algas están hechas de pequeñas piezas puntiagudas que individualmente no son algo de lo que preocuparse, pero que se agrupan para formar parches, y los parches se convierten en islas, y se mantienen unidos como velcro motivado. Basta que un zarcillo se envuelva inocentemente en torno a la quilla, la orza o el timón y en cuestión de segundos sus compañeros se suman y crean una enorme bola cuya fricción puede reducir a la mitad la velocidad del barco, en estos vientos ligeros, y crear suficientes turbulencias en los timones que apenas te permiten controlar el barco. Cada vez que un grupo se instala en el timón tenemos que poner el barco “marcha atrás" para quitarlas. Esto significa que ponemos la proa del barco directamente hacia el viento y la sostenemos mientras, con las velas aleteando, la velocidad se reduce a cero, entonces se convierte en negativa, mientras que las algas se van flotando libremente. Esta maniobra deja a menudo el viento en el lado equivocado de las velas, que nos empuja a una virada rápida y una trasluhada para recuperar nuestro buen curso... Nuestro rastro en el plotter está cubierto con pequeños círculos al azar, pero sigue siendo más rápido que el de continuar con las algas pegadas a la embarcación.

Estando tan cerca de la línea del ecuador este trabajo se convierte en algo caliente, así que anoche me emocioné cuando el Spirit of Hungary fue envuelto por una nube de lluvia masiva y tuve la oportunidad de darme una ducha. Las duchas en los doldrums siempre viene acompañadas de un poco de pánico, ¡ya que no quieres enjabonarte y que la nube pase antes de que te hayas enjuagado! Esta vez no tuve que preocuparme, ya que me dio tiempo a lavarme tranquilamente de pies a cabeza, sin dejar de avanzar entre la noche oscura. Debí dar un espectáculo cómico, desnudo, a excepción de mi frontal y mis zapatos, con espuma volando por todas partes cuando me acomodé para trimar las velas para responder a las rachas y momentos de calma. ¡Mi única esperanza era que Nandor no se despertara y pensara que había dejado su barco en manos de un loco bailando!

Aunque las previsiones sólo nos han servido para un cómico alivio últimamente, soy bastante optimista de que hemos escapado de la peor de los vientos flameantes y ahora deberíamos ser capaces de poner rumbo hacia el norte en una virada por avante hasta las Islas Canarias. A pesar de que todavía nos queda el equivalente de un pasaje transatlántico por completar, una vez pasas el ecuador te sientes como que estás casi de vuelta. ¡Ah, pero el viento acaba de morir! ¡Tal vez todavía estamos luchando por cada pulgada, después de todo!