Wellington y estrecho de Cook: el comienzo de la segunda parte

Wellington es la última población por la que pasan los regatistas de la Barcelona World Race rumbo a cabo de Hornos, en la Patagonia chilena, y antes de superar el meridiano de cambio de fecha. Si bien no es el ecuador exacto de la regata, es la puerta que abre el paso al Pacífico y a partir de dónde los navegantes dejan de alejarse de Barcelona para comenzar a acercarse. Por su situación geográfica en el estrecho de Cook, donde se unen el mar de Tasmania y el océano Pacífico, sufre con frecuencia vientos que superan los 50 nudos.

Artículos JUL. 25, 2012 15:54

Hablar de Wellington, la capital de Nueva Zenlanda, es hablar de grandes aventuras oceánicas. No puede ser de otra manera para una ciudad ubicada en un recodo entre el mar de Tasmania y el océano Pacífico, a pocas millas de donde convergen la fiereza de uno de los mares más difíciles de la tierra y los 40 rugientes. Es, además, la puerta natural que marca la línea de llegada del Trofeo del Índico, el tercero de la Barcelona World Race. Justo allí donde el estrecho de Cook se esmera en demostrar la certeza de la teoría de Giovanni Venturi, disparando con frecuencia los anemómetros a más de 50 nudos, lo que hace que los pobladores de Wellington la denominen "Windy Wellington".

El buen nivel económico de los habitantes de Wellington y la vocación marítima que ha impregnado la historia y las tradiciones neozelandesas se ha extendido a la náutica deportiva. Los regatistas de toda Nueva Zelanda son de los más valorados en el mundo, tanto en regatas costeras como en oceánicas. El alto nivel de sus arquitectos navales y astilleros son la causa de que buena parte de los veleros de regatas de última tecnología se construyan en este país. Y el puerto de Wellington se ha convertido en paso obligado en varias de las regatas de la vuelta al mundo como la Around Alone, la Global Challenge, la Volvo Ocean Race, cuya tercera etapa de la edición 2005-2006 acabó en esta ciudad con triunfo del Movistar y significó la primera victoria de un barco español en una etapa de una vuelta al mundo, y la propia Barcelona World Race.

En la primera edición de la Barcelona World Race, fueron hasta tres los barcos que se vieron obligados a parar en Wellington. Es que se trata la última oportunidad de reparar desperfectos antes de Hornos (Chile). Y bien vale la pena hacerlo antes de internarse de lleno en el Pacífico, aunque ello signifique tener que cumplir con la penalización de 48 horas establecida por la organización para quienes hacen una parada técnica después del meridiano 140 Este.

El primero en parar en diciembre de 2007 fue el Hugo Boss. Mientras estaba librando una titánica lucha con el Paprec- Virbac 2, el barco de Alex Thomson y Andrew Cape tuvo que detenerse para desmontar el generador y reemplazar partes de las cajas de los timones. Días más tarde, el Temenos II, de Dominique Wavre y Michèle Paret, hizo lo propio para reparar su quilla, lo que obligó a sus patrones a pasar la Nochevieja sin navegar. Finalmente, el Mutua Madrileña, tras reducir 60 millas respecto a la embarcación suiza, tuvo que amarrarse al pantalán del puerto para efectuar diversos arreglos como la rótula de una cruceta, el sistema de rotación del palo, un candelero de babor, las fundas de los sables de carbono, una pieza de la orza de deriva y dos de los cinco pilotos automáticos.

Ventosa y salvaje, hospitalaria y buena anfitriona. Así es Wellington para los navegantes oceánicos. Pero sobre todo, mágica. Tanto, que tras navegar unos cuantos centenares de millas y tras pasar el meridiano de cambio de fecha rumbo al legendario cabo de Hornos, los aventureros oceánicos se ven obligados a retroceder 23 horas el reloj para volver a vivir el mismo día. Es como si quisieran revivir y mantener cercanos en el tiempo los instantes vividos en estas míticas aguas.