Los secretos de la vida

El extremo austral de América es un mito de la navegación a vela y el momento que más expectación despierta de toda regata alrededor del mundo. Pero la silueta gris, amenazadora y misteriosa de Hornos, que aparece en nuestra mente de navegantes cuando lo rememoramos, es mucho más que el mayor reto deportivo en el mar: guarda los ancestrales secretos de la vida en la Tierra. Los parques naturales que se extienden por la Tierra del Fuego son un singular modelo de gestión en el que la Armada y el Gobierno de Chile, e instituciones como la Universidad de Magallanes, trabajan la educación, la investigación científica, el desarrollo turístico y el deporte, desde un enfoque innovador.

 

Con  motivo del paso de los barcos, un equipo de la regata se desplazó a Puerto Williams y a cabo de Hornos. Huéspedes de la Armada de Chile, hemos surcado las aguas del paso marítimo más famoso del planeta al paso de los barcos y también hemos descubierto que tras el mítico cabo se extiende una espectacular zona natural que lo rodea y configura una de las reservas de la biosfera más fascinantes de nuestro planeta.

Más allá del mito: una reserva única de la biosfera

Hornos (55°58′48″S 67°17′21″O) es la punta sur de una de las zonas más limpias, prístinas y bellas de la Tierra: el archipiélago de Tierra del Fuego, un conglomerado de miles de islas e islotes barrido por los cincuenta aulladores, los vientos de componente oeste que soplan por debajo de los 50ºS. Esta espectacular corriente de aire, temida y anhelada al mismo tiempo por los navegantes, se extiende como un anillo alrededor de la Antártida. Es la principal característica climática de la zona y una de las causas de su pureza medioambiental; pues estos vientos, cuyos ciclos de vida se desarrollan casi exclusivamente sobre el mar, constituyen una barrera natural para los contaminantes que proliferan en las zonas más pobladas e industrializadas del norte de nuestro planeta.

El cabo da nombre al Parque Nacional Cabo de Hornos, formado por los archipiélagos de las islas Wollaston y de las islas Hermite. Fue nombrado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2005, simultáneamente con el Parque Nacional Alberto de Agostini, situado al noroeste del archipiélago. Ambos parques, conjuntamente con el Parque Etnobotánico Omora, al norte de cabo de Hornos, hacen que la Tierra de Fuego chilena sea una de las zonas de la Tierra más protegidas medioambientalmente; un vasto paraje donde la ciencia estudia una de las más fascinantes y hasta ahora desconocidas facetas de la ecología que guarda el secreto de millones de años de evolución.

 

El Róbalo: un río, todos los ecosistemas

 

Tamara Contador Coordinadora de Investigación del Parque Etnobotánico Omora. Académica de la Universidad de Magallanes."La limpieza del agua depende de sus habitantes”.

Los habitantes de Puerto Williams, ciudad de 1.600 habitantes situada al norte de la isla de Navarino, beben el agua más pura que llega a una ciudad del mundo. El agua del río Róbalo no necesita apenas tratamiento y abastece a la ciudad más austral del planeta después de recorrer unos 12 km a lo largo de la vertiente norte de la isla. En este corto recorrido, el río desciende un desnivel de 600 metros desde su nacimiento, en los espectaculares Dientes de Navarino, hasta su desembocadura en el mar, el río recorre seis ecosistemas considerados entre los 24 más prístinos del planeta.

El río Róbalo es uno de los ejes del Parque Etnobotánico Omora, en la ribera sur del canal Beagle. Este parque, que depende del Instituto de Ecologia y Biodiversidad (IEB-Chile), la Fundación Omora y la Universidad de Magallanes, desarrolla actividades de investigación científica y educativas realmente singulares alrededor de la Reserva de la Biosfera de Cabo de Hornos.

El río es uno de los ejes de trabajo y un perfecto ejemplo de cómo el agua es la base del mantenimiento de la vida. El Róbalo transporta nutrientes al mar, nutrientes que provienen de los bosques terrestres más australes del planeta, y lo que sucede en su desembocadura  es un ejemplo de equilibrio ecológico: aves, peces, diminutos invertebrados asimilan y distribuyen estos nutrientes que son la base de la vida del entorno. Un bello ejemplo de interacción: río y mar se vuelven un solo sistema; y bella metáfora para el lema One Planet, One Ocean de la UNESCO: una sola agua cubre el mundo.

Bien lo sabían los yaganes, los nativos de la zona, que se nutrían y configuraban su vida alrededor de las desembocaduras de estos ríos de aguas puras. Recuperar esta cultura ancestral es uno de los objetivos de los científicos de la Universidad de Magallanes y una de las bases del trabajo educativo que se desarrolla entre los habitantes de la zona.

 

Ecoturismo con lupa: los bosques invisibles, la vida que no se ve

 

Un ejemplo de los fascinantes bosques en miniatura

 

La introducción de especies no autóctonas, como los castores, provoca una irrecuperable degradación en los bosques.

 

Hay una gran interacción entre el mar, la tierra firme y las aguas dulces en la zona que rodea el cabo de Hornos.

 

El Club de Yates de Puerto Williams, el más austral del mundo. Al fondo, los espectaculares Dientes de Navarino.

El pasado mes de junio, el Gobierno de Chile acordó por unanimidad la financiación del Centro

Subantártico Cabo de Hornos en el archipiélago de Tierra del Fuego, con la finalidad de que la zona se convierta en un núcleo y modelo mundial del turismo sostenible. Liderado por Ricardo Rozzi, creador del Parque Etnobotánico Omoraeste, este proyecto tiene como principal objetivo desarrollar la ciencia socioecológica, la educación científicamente ética y la conservación a través del ecoturismo en la Reserva Mundial de Biosfera Cabo de Hornos. Impulsores de la iniciativa son la Universidades de Magallanes y de North Texas, y el Instituto Milenio de Ecología y Biodiversidad de Chile.

El proyecto ha desarrollado el concepto de "Turismo con lupa" que tiene la finalidad de descubrir a los visitantes el fascinante mundo invisible que existe en la zona. Este mundo abarca desde los diminutos invertebrados de agua dulce, imprescindibles para la preservación del medio, hasta los "bosques invisibles" que subyacen ocultos a la vista y que muestran como los modelos ecológicos se reproducen a pequeña escala.

Los científicos de la Universidad de Magallanes trabajan para que la población vea estos mundos y articular alrededor de ellos programas educativos. El proyecto aspira a crear un centro internacional dedicado a la formación de capital humano especializado en singularidades ecológicas y turismo sostenible.

Una zona única para la ciencia

 

Verónica Morales Ibáñez, coordinadora en Santiago de Chile del Programa de Conservación Biocultural Subantártica programa que integra la ética ecológica y medioambiental.

"La zona presenta un contexto envidiable para la investigación científica: el parque Agostini, un parque nacional gigante, el Parque Nacional cabo de Hornos, el Parque Nacional Yendegaia y el Parque Etnobotánico Omora, que protege la cuenca hidrográfica del Róbalo."

"En la Reserva de la Biosfera del Cabo de Hornos los científicos trabajan en cómo encontrar formas de transversalizar el concepto de biodiversidad con el entorno, sus habitantes y el turismo. Es mundo multidisciplinar en la que se unen las culturas ancestrales de los pueblos Mapuche y Yagán".

"Con el Centro Subantártico cabo de Hornos se desarrollarán todas las vertientes, divulgativas, educativas y científicas, y el turismo responsable. Se creará un centro de investigación, por ejemplo, de las mareas rojas que afectan a los pescadores.

"La Universidad de Magallanes ha tenido un rol muy importante. Una zona con una universidad propia es un privilegio para la ciencia y la educación".