Los vikingos y sus exploraciones

Los vikingos y sus exploraciones

Hacia el siglo IX y X, llegó al Mediterráneo una civilización que venía de los mares del norte, de Escandinavia. Este era el pueblo vikingo, que venía con unas embarcaciones que recibían su nombre por las figuras que adornaban la proa, drakkars (dragones) o snekars (serpientes). Pronto fueron considerados como gente feroz y despiadada ya que saqueaban pueblos, barcos y todo lo que se encontraba por delante, no había quien los detuviera y eran muy temidos.

La habilidad como pueblo guerrero, constructor de barcos y marinero es legendaria. Llegaron a Groenlandia, e incluso establecieron rutas comerciales en Persia y China. Eran también buenos pescadores, buenos agricultores y buenos artistas.

La expansión de los vikingos

Hacia finales del siglo VIII, Escandinavia tenía sólo unos 2 millones de habitantes, pero, iniciado el siglo IX, la población comenzó a aumentar bastante debido, principalmente, a mejoras de las condiciones climáticas que favorecían la agricultura. De esta manera, el territorio se les quedó pequeño. Este hecho, junto con las tradiciones escandinavas de obligar a la juventud a buscarse la vida y la de condenar a los criminales en el exilio, dio lugar a que muchos de ellos se hicieran a la mar en busca de nuevos territorios.

Durante esta época, el pueblo vikingo era considerado como pirata. De hecho, había acosado durante décadas las poblaciones inglesas, llegó hasta París navegando por el Sena y también era temido en el Mediterráneo. A pesar de esta mala fama, también tuvo un papel importante en los viajes de exploración. Estos fueron los primeros en extenderse por el Atlántico y llegar a América. Se tiene constancia de que conocían Islandia -tierra del hielo-, y Groenlandia, a la que dieron el nombre de tierra verde. Se sabe que también llegaron al continente Americano, en la península del Labrador y Terranova.

En este sentido, se considera que era un excelente pueblo marinero. Todavía no se conoce cómo hacían para conservar los alimentos y el agua durante tantos días como duraban sus travesías por mar.

Los barcos vikingos

Los drakkars eran unos barcos ligeros propulsados con remos y una vela cuadra que la usaban cuando el viento era favorable. Estos barcos sin embargo, no eran originales del pueblo vikingo sino del inglés, ya que los vikingos no conocían la azuela y cortaban las maderas para hacer el buque con hachas. En el Mediterráneo, esta herramienta ha sido tan importante que dio nombre a los constructores de embarcaciones tradicionales: los maestros de ribera.

La clave del éxito vikingo consistió en la habilidad para la construcción y manejo de los barcos, los cuales eran las naves más rápidas de su tiempo. En la proa se colocaban cabezas esculpidas de animales, a menudo de dragones, de ahí el nombre con el que fueron conocidas estas naves: drakkars, los cuales no tenían sólo una función decorativa, sino que servían para alejar a los espíritus malignos durante la noche.

Estos barcos se impulsaban a vela o a remo y su buque era plano, lo que permitía navegar por mar y por los ríos. Los drakkars medían casi 25 m de eslora, el palo mayor alcanzaba los 12 m de altura y los remos llegaban a medir 6 m.

Se cree que cuando no tenían tierra a la vista, se guiaban por la estrella polar y el sol. La presencia de aves marinas, avisaba de la proximidad de tierra.