Biodiversidad en el Atlántico

Biodiversidad en el Atlántico

La fuerza de Coriolis causada por el movimiento de rotación de la tierra y las corrientes marinas como el de Canarias y Benguela, hace que frente a las costas de Marruecos y Mauritania en el hemisferio norte y Namibia en el Hemisferio sur se produzcan afloramientos de aguas profundas muy ricas en nutrientes. Cuando estos nutrientes llegan a la superficie se incorporan a la cadena alimentaria del océano a través del fitoplancton, en consecuencia se generan zonas muy productivas y ricas en pesca. Es por ello que frente a las costas de estos países hay importantes flotas pesqueras que explotan sus recursos. La probabilidad de encontrarse con barcos de pesca frente a las costas marroquíes es muy alta. Los navegantes deben estar bien atentos para evitar cualquier colisión con los pesqueros o pegar ninguna red en la quilla o palas del timón.

El Atlántico es un océano de migraciones de muchas especies marinas que recorren largas distancias en busca del alimento que necesitan para sobrevivir. Así, por ejemplo, las ballenas jorobadas pasan el verano en aguas frías muy ricas en nutrientes donde se alimentan de zooplancton, peces y krill. Al llegar el invierno migran hacia el ecuador donde darán a luz a sus crías. En su navegación por el Atlántico Sur los navegantes de la Barcelona World Race pueden encontrarse con alguna ballena que está realizando la migración.

En el Atlántico Sur, cerca de la costa Sudamericana viven unas algas enormes, nombradas laminarias, que pueden hacer más de 40 metros de largo. En concreto, la Macrocystis pyrifera, -el kelp- es la más larga del mundo, puede superar los 50 metros y puede crecer 61 cm al día.