Navegación a vela

Los veleros, a diferencia de las embarcaciones a motor, utilizan el viento como forma de propulsión y esto les permite ser autosuficientes para afrontar una vuelta al mundo. Los IMOCA 60 además, están especialmente diseñados para ello, para ir a mucha velocidad, pensados ​​para regatas oceánicas en solitario o en doble. Sólo dos personas han de controlar los 18 metros de eslora, con un palo de 29 metros y velas de más de 400 m2 (el equivalente a dos pistas de tenis). Para facilitar el trabajo a los regatistas oceánicos, las cubiertas están diseñadas para crear sistemas que eviten los desplazamientos, por lo que un solo navegante tenga a su alcance todo lo necesario para controlar el aparato. Sin embargo, virar o trasluchar, dos maniobras elementales para girar el barco y cambiar el lado por el que recibe el viento, pueden convertirse en una compleja maniobra en un barco de estas medidas.

Se trata de barcos rápidos, especialmente con vientos portantes (vientos que empujan por la popa). Como a lo largo de 3 meses se encontrarán condiciones de viento y mar muy diversas, embarcan 10 velas diferentes para navegar de la forma más eficiente ante cualquier situación.

Las velas que utilizan son de última generación. La evolución de los materiales con las que están fabricadas han ido hacia mejorar la resistencia, la ligereza y la durabilidad, intentando disminuir su deformación. Esto se ha conseguido con la incorporación de fibras sintéticas cada vez más complejas y perfeccionadas.

Para maniobrar todas estas velas y ajustarlas al viento se necesitan jefes altamente resistentes y maquinillas (winches) que, mediante un sistema de engranajes, reducen el esfuerzo al cazarlos. Estos barcos son una auténtica máquina ecológica que puede dar la vuelta al mundo de manera autosuficiente con un mínimo coste energético.