La quilla

La quilla

Las embarcaciones a vela como los IMOCA 60 están dotadas con una quilla externa que tiene la función de disminuir el abatimiento del barco y hacer de apéndice de contrapeso, agregando peso debajo de la embarcación para compensar la fuerza del viento sobre las velas.

Para lograr compensar el peso de las velas y la jarcia, los IMOCA 60 integran un bulbo en la parte inferior de la quilla, una gran masa de plomo o hierro fundido con forma hidrodinámica de unas 4 toneladas. Cada kilo en los últimos dos metros del poste, se compensan con unos 6-10 kg al bulbo.

El bulbo está situado lo más bajo posible (a unos 4,5 metros de distancia del casco) para mejorar su efectividad, ya que así se hace bajar el centro de gravedad y se asegura una mayor estabilidad. De este modo, cuanto más peso tenga esta quilla, más palanca hace y más estable será la embarcación pero, a la vez, cuanto más peso, más lento es el barco. Así pues, el peso de la quilla debe ser el justo y necesario para mantener el equilibrio sin perjudicar la velocidad.

Además, la quilla de estos barcos es pivotante, puede bascular hasta 40º a cada lado, diseñada así para mover el peso del bulbo en la parte del velero que se encuentra junto al viento, enderezándose y permitiendo que pueda llevar más velas. Esto conlleva pero una pérdida de fuerza antiabatimento y el barco empieza a "derrapar" lateralmente al mar. Por este motivo los IMOCA 60 incorporan orzas que disminuyen el abatimiento y hacen que el barco avance adelante y no de lado.

Las quillas pivotantes pasaron a ser competitivas en el momento que se empezó a utilizar la hidráulica para accionarlas. Gracias a ello hoy existen sistemas que pueden desplazar la quilla en todo su abanico (40º a cada lado) en unos 20-30 segundos. Lo que antiguamente se maniobraba con winches y desmultiplicadores, hoy queda en manos del mismo sistema que permite levantar edificios y mover palas excavadoras ...