Corrientes marinas

Las corrientes oceánicas se generan debido al movimiento de rotación de la Tierra, el viento planetario, así como la configuración de las costas y la ubicación de los continentes. La rotación de la Tierra hace que el agua superficial se desvíe un cierto ángulo respecto a la dirección del viento. Este fenómeno se conoce con el nombre de Coriolis y hace que las corrientes se desvíen hacia la derecha en el hemisferio Norte y hacia la izquierda en el hemisferio Sur.

Estas corrientes generan unos movimientos del agua a nivel superficial formando unos sistemas de corrientes circulares que se denominan giros. Para compensar estas corrientes se generan otros de profundos que van en sentido contrario. Esto quiere decir que, si a nivel superficial las aguas se mueven de oeste a este, en profundidad las aguas se mueven de este a oeste.

Estos movimientos de las aguas superficiales y profundas termina formando una cinta transportadora a lo largo de todo el planeta que tarda unos 1.000 años en completar todo el circuito. En determinadas zonas del planeta las aguas superficiales se hunden hacia las profundidades marinas y para compensarlo, en otras zonas del planeta, el agua sube a la superficie en lo que se llama afloramiento. Estas zonas de afloramiento son muy ricas en plancton y por tanto en recursos pesqueros.

A nivel global la cinta transportadora comienza con el agua salada y fría que se hunde en el Atlántico norte, se dirige hacia el sur por las profundidades marinas y bordea la Antártida, se bifurca a la altura del Índico y el Pacífico y vuelve a la superficie mezclándose con aguas más cálidas de la superficie. Finalmente las corrientes superficiales cálidas vuelven el agua en el Atlántico.