El proceso

El proceso

Generalmente los proyectos de construcción de un IMOCA 60 tienen una duración de 18 meses, unas 34.000 horas de trabajo. Todo comienza con una fase de reflexión en el que el regatista crea un equipo de trabajo con los diseñadores del buque, el palo y las velas que haya escogido para el proyecto y el director técnico o jefe del equipo de tierra.

En esta etapa de reflexión es donde la experiencia con otros barcos y la cantidad de horas de navegación del regatista serán claves para decidir cómo querrá su compañero de viaje. El barco debe cumplir las normas de la IMOCA, lo que obliga al equipo de diseño a buscar estructuras de casco y aparejo muy ligeras, intentando superar las prestaciones de los veleros de la generación anterior.

Los buques y aparatos se diseñan primero informáticamente: se hacen simulaciones y pruebas y también ensayos con maquetas a escala en túneles de viento. Después se diseñan los planos y se construyen en astilleros especializadas. El proceso comienza con la construcción del molde de madera forrado de teflón. Encima se pone la primera capa de carbono, luego la de Nomex con estructura nido de abeja y, finalmente, la de carbono, que completa el sándwich. El conjunto se cuece a 85 ° C durante más de 12 horas en la misma nave, que se convierte en un horno. El mismo proceso se hace con la cubierta.

Una vez terminado el buque, se instalan las mamparas. Se trata de una operación muy delicada que requiere la máxima precisión, ya que las mamparas forman parte de la estructura de refuerzo del conjunto. Por último, se procede al montaje de la cubierta. Cuando la estructura ya está terminada, se le añaden los tanques de contrapeso, los electrohidráulicos de la quilla, las orzas, los timones, el motor, la instalación eléctrica y el ordenador. Finalmente se pinta el buque con sus colores -generalmente los que decide el patrocinador del proyecto-.

Una vez se ha construido el buque, éste debe pasar unas pruebas de estabilidad. La más espectacular es la prueba de direccionamiento, que consiste en volcar el barco sin el palo -hacia abajo, 180º- y comprobar que se enderece solo -volver a ponerse horizontal-. Pasar esta prueba es una condición indispensable para participar en la Barcelona World Race, ya que se trata de una cuestión de seguridad para la tripulación.

Los IMOCA 60 aparejan un solo palo con una gran superficie vélica que proporciona mucha velocidad, especialmente con vientos portantes favorables que los hacen planear gracias a la ligereza y rigidez del buque.